Sempre Viaggiando

Primeras impresiones desde Koh Samui, Tailandia

Es diciembre y vamos por casa en bañador. Yuhu! Ya estamos en Tailandia, nuestro último destino de esta vuelta al mundo tan especial. Llevamos más de tres meses de viaje y tenemos estas 3 últimas semanas para disfrutar al máximo de este país e intentar entender porqué todo el mundo vuelve tan encantado de Tailandia.

El «aterrizaje» a Tailandia nos tenía algunas sorpresas preparadas y nos pilló algo desprevenidos, pero tras 3 días, empezamos a ser ya los reyes del mambo de Koh Samui!

En el aeropuerto de Auckland nos cancelaron el vuelo a Bangkok via Sydney. Por suerte, la compañía australiana Qantas nos desvió rápidamente via Brisbane, aunque llegamos tarde a nuestra conexión Bangkok – Samui. Cuando finalmente llegamos a la isla de Samui un día más tarde de lo previsto, la isla nos recibió con lluvia. Tras todo el día lloviendo, descubrimos en Wikipedia que Samui tiene un clima distinto del resto de Tailandia y que, entre Octubre y Diciembre es precisamente la época de lluvias. Menudo chaparrón!

Entre estas dos fotos hay apenas 30 minutos de diferencia

¿Hubiéramos cambiado nuestro destino si hubiéramos sabido que íbamos a Samui en época de lluvias? No lo creo. Lo esencial para nosotros era encontrar un intercambio de casa en Tailandia. Curiosamente (y ahora entendemos por qué) nos aceptaron la petición de intercambio dos personas que tienen casa en Koh Samui y Koh Tao, ambas en el golfo de Tailandia, donde es ahora el monzón y, por tanto, temporada baja.

Seguramente gracias a viajar en temporada baja hemos conseguido que Vijay, el propietario de los resorts de lujo Infinity Residences and Resorts Koh Samui y también miembro de IntercambioCasas.com, aceptara intercambiar su apartamento durante 15 días – él vendrá a nuestro piso de Barcelona más adelante. Vivimos como reyes, en un mega resort lujoso y moderno en lo alto de una colina con vistas a la isla de Phangan. Estamos en un apartamento de dos pisos, con cocina, lavadora, dos habitaciones (nos sobra una, ¿alguien se apunta?), bañeras enormes, dos terrazas y piscina privada.

Es el apartamento privado de Vijay, para él y sus invitados, nunca a disposición de los clientes. Compartimos resort con algunas otras parejas y familias que sí han pagado por estar por aquí. Los miembros del staff son súper serviciales y todos saben que somos «los invitados del jefe», así que se aseguran que estemos bien, pero tranquilos. No les tenemos encima y ya nos han dicho que pasarán a lavar el piso sólo cuando se lo pidamos. Tenemos lo mejor de vivir en un piso propio con lo mejor de estar en un resort.

Referente al intercambio de casa… Algunos quizás os sorprenderá que hayamos ido finalmente a Samui, cuando en nuestro planning siempre hablábamos de Phuket. Mientras estuvimos en Melbourne, nos dimos cuenta que el señor con quien habíamos pactado el intercambio en Phuket desapareció del mapa y nos dijo que ya no podía hacer intercambio. Nos pusimos a buscar a la desesperada y salió la opción Samui al día siguiente (y no es broma). Pero de cómo encontrar un intercambio de casa en Tailandia ya os hablaré otro día, que sé que es algo que muchos estáis deseando imitar 😉

Vivimos al norte de la isla de Samui, en las tranquilas playas de Mae Nam. Hemos alquilado una moto de 150 cc (56 euros por una semana) y hemos comprado un par de ponchos de plástico que llevamos siempre en la mochila – de momento, no los hemos necesitado; y que dure!! La moto nos da la libertad necesaria para no depender de los transfers del Resort ni de los taxis con precios para turistas. Vivimos entre el bien y el mal, entre los turistas y los locales; dormimos en un hotel de lujo que habitualmente cuesta 600 euros la noche (euros, sí) pero luego subimos a la moto y nos perdemos por las carreteritas de la isla, como los locales – lo que ellos van 3 y 4 personas en una misma moto y sin casco!

Todo es muy barato, pero si te alejas de lo turístico, todavía más. La diferencia de precios (y de vida) entre turistas y locales es abismal. Ayer pagamos lo mismo (230 bahts, 5 euros) por dos refrescos en el bar del Resort que por comer en un restaurante local, aislado del turismo.

Ir en moto es fácil y práctico. La isla de Samui es como la mitad de Ibiza, con sólo 20 km de este a oeste y otros 20 km de norte a sur. Es relativamente fácil cruzar la isla de punta a punta en algo más de media hora. Hemos explorado el lado este, Chawen – demasiado turístico para nuestro gusto: discotecas, resorts que ocupan las playas, vendedores ambulantes… Iremos poco por allí. En cambio, la parte oeste nos pareció mucho más tranquila y local. Apenas hay turistas, los pueblos son más auténticos y los pocos resorts están más escondidos.

Por ahora, las playas nos han decepcionado un poco. Quizás sea porque es época de lluvias y el mar está revuelto, pero el agua no es cristalina y la arena suele estar bastante sucia (no solo algas, sino más bien plásticos y envases de los turistas). Por eso, hay días (como hoy) que decidimos no tomar riesgos y nos quedamos en la enorme piscina del hotel 🙂

Es la primera vez que pisamos Asia (sin contar Estambul, que es medio-medio) y también la primera vez en un país en desarrollo. No negaremos que nos ha chocado. Yo, sobre todo, me paso el día vigilando que lo que comemos esté bien cocinado/hervido y, por recomendación de nuestro doctor favorito (nuestro cuñado, César) hervimos el agua que sale del grifo (para lavarnos los dientes, para limpiar los vasos…). Al menos una vez al día comemos en casa; la otra, en algún lugar de la isla, en los que nos piden que nos descalcemos para entrar.

Calles de una ciudad de la costa oeste de Samui

¿Esto es un ñu?

Tras 3 meses hablando con todo el mundo y escuchando piropos sobre «lo bien que hablamos inglés», ahora resulta que nadie nos entiende! Con lo que nos gusta hablar con la gente local y ni siquiera podemos hacernos entender. Intentamos aprender su idioma pero es realmente complicado. Sawadee ka (que suena algo así como «sabandija») es hola, y «Lah kon» (lacón, como el bacon), adiós. Pero la palabra que más nos cuesta es gracias («Kop Kurn» – que suena como «Kopun karn» e intentamos recordar con el «capsigrany» en catalán) – tiene ironía que sea la que más nos cueste en uno de los países más amables y serviciales. No nos acostumbramos a que nos esperen con un paraguas al salir del taxi.

Pese a la incomprensión, a las nubes infinitas que bloquean el sol y a estar encerrados en un resort de lujo, lo cierto es que no estamos nada mal 🙂

 


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